Hablamos de la función PWM como abreviatura de la
modulación por ancho de pulsos, algo que se ha convertido en una práctica
habitual de los interruptores de potencia modernos, controlando la energía de
inercia. Esta acción tiene en cuenta la modificación del proceso de trabajo de
una señal de tipo periódico. Puede tener varios objetivos, como tener el
control de la energía que se proporciona a una carga o llevar a cabo la
transmisión de datos.
La función PWM requiere de un circuito en el cual hay
distintas partes bien diferenciadas entre sí. El comparador es lo que se
convierte en el nexo, contando con una salida y un total de dos entradas
distintas. A la hora de configurarlo tenemos que tener en cuenta que una de las
dos entradas se centra en dar espacio a la señal del modulador. Por su lado, la
segunda entrada tiene que estar vinculada con un oscilador de tipo de dientes
de sierra para que la función se pueda llevar a cabo con éxito. La señal que
proporciona el oscilador con dientes es lo que determina la salida de la
frecuencia. Es un sistema que ha dado buenas demostraciones de funcionar,
convirtiéndose en un recurso muy utilizado en cuanto a la disponibilidad de
recursos energéticos.
Tenemos que tener en cuenta distintos factores a la hora
de hablar de los usos prácticos de la función PWM. Con el paso de los años y
desde que la PWM entrara en vigor, las placas madre contaron con sensores de
temperatura, consultables desde la bios del equipo. A partir de ese momento se
impuso reducir el ruido de la CPU, haciendo que el ordenador reaccionara de
distintas maneras en base al contexto. Si por ejemplo, estamos utilizando el
equipo con el objetivo de descargar archivos, como demos de videojuegos,
realmente el ordenador no necesita una potencia superior a la mínima. En estos
casos la CPU no se calienta, no necesita el ventilador y se debe evitar gastar
energía de forma innecesaria.
Cuando montamos un ordenador que deba poder ofrecer un
rendimiento de primer nivel, pensamos en incluir la mayor potencia de
ventilación, para que en situaciones críticas estos ventiladores puedan
funcionar a toda máquina con el objetivo de evitar problemas en el equipo. Pero
esta configuración se desaprovecha en momentos como en el ejemplo citado de la
descarga de archivos. En estas situaciones no es necesario que el ventilador
gire a toda velocidad, sino que se puede mantener en los niveles mínimos. La
función PWM es una manera de regularlo. Para perfeccionar esto se le añadió un
cable adicional que manda una señal de la velocidad a la que está funcionando
el ventilador. La placa base se encarga de regular la velocidad a la que debe
ir el ventilador en cada momento. Si el equipo se calienta mucho, le dice con
una señal que debe trabajar más. Para ello hay que configurar el ordenador
desde la BIOS siempre pensando en obtener los menores índices de ruido.
Para que la función PWM tenga más sentido y sea más
completa, existen accesorios que se encargan de llevar esa señal a otros
ventiladores que también se puedan beneficiar de ella. El objetivo común es
mejorar lo máximo posible el rendimiento de estos equipos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario